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Open Range (2003)



Después de hacer y protagonizar en 1997 su segunda película cómo director ("The postman"), Kevin Costner esperó hasta 2003 para hacer su tercer pinito cómo director en el western "Open Range", adaptación de la novela de Lauran Paine protagonizada por él mismo, el gran Robert Duvall, Annette Bening y Michael Jeter que falleció en ese año por un ataque de epilepsia y a quién fue dedicada la película.
Intentando huir de su pasado, Charley Waite, Boss Spearman, Mose Harrison y Button conducen ganado por las grandes praderas. Sus ideales son la justicia y la lealtad y procuran por todos los medios evitar la violencia. Pero su visita a Harmonville, una ciudad fronteriza dominada por un poderoso y despótico ranchero a cuyo servicio trabaja el corrupto sheriff local, cambiará sus vidas y los obligará a utilizar las armas en una desigual batalla.





Kevin Costner nos acerca en esta ocasión a un western de 2 horas con unas escenas de acción que es de lo mejor que he visto yo en una película de acción y en un western, con unos balazos realistas y dotados de una pequeña dosis de coherencia, que nada tiene que ver con el resto de la película, donde lo que prevalece son unos momentos lineales y donde los momentos finales transcurren tan rápido cómo las balas de las que hablaba antes. Y es que, amigo Costner, se te notaban las intenciones de ir directo a hacer un "Bailando con lobos" pero con más acción y menos duración, y es que quien no lo vea, ha de ponerse algo para que mejore su vista, lo que sea.
Se nos ofrece unos planos que nos acerca a una naturaleza que en unos primeros momentos nos parece bella y que demuestra simpatía y profesionalidad por parte de James Muro, pero que a veces deseamos que esos planos tan repetitivos se vuelvan un poco más originales y se dejen de tanto plano y dar más caña a lo que hay que ir, lo que se dice popularmente "ir al grano". Y lo echamos en falta sí, porque no se puede desperdiciar una buena dupla cómo es la de Duvall y Costner con un guión tan pésimo y unos aburridos diálogos, que desquician a cualquiera, buscando herir la sensibilidad del espectador, pero sin cumplir este objetivo ni mucho menos, al no ser que sea en el del odio extremo, que al fin y al cabo es un sentimiento.
Lo cierto es que Duvall está tan bien cómo siempre, puesto en su sitio y marcando su territorio, pero hasta él brilla menos de lo que lo debería hacer gracias de nuevo a este guión del que ya hemos hablado, donde algunas reflexiones es lo que merece la pena del film, y estos se pueden contar con los dedos de una mano.




Resumiendo un poco todo, la película nos ofrece una visión sobre el sentido de la vida (intentando por otro lado, acercarse un poco en este sentido a "Sin perdón") y que hay que luchar por esta, pero lo que menos brilla en esta ocasión es precisamente eso, el sentido de la vida, pues dan ganas casi siempre de tirar volando el disco de la película por la ventana. No me ha gustado por su guión y por su constante repetición en las dos horas, ya no sólo de planos, sino de casi todo.



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