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Esplendor en la hierba (1961)

En 1807, William Wordsworth dijo aquello de "Aunque nada puede hacer volver la hora, del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores..." en su segundo libro de poemas.
Una parte de esos versos hace honor al título que lleva la película dirigida por Elia Kazan en 1961, "Esplendor en la hierba", que hizo después de su buen film "Río salvaje", sólo un año antes.

"Esplendor en la hierba" nos situa en Kansas, donde dos jóvenes llamados Deanie (Natalie Wood) y Bud (Warren Beatty) buscan el refugio sentimental ante la mirada de sus familias y del pueblo en general, donde la hipocresía reina y donde más de una relación no es bien vista, algo que perjudicará a la pareja protagonista.


A pesar de poder parecer la típica película que machaca muchísimo sentimentalismo entre sus imágenes, más allá de eso nos encontramos con una película que aborda el tema de los segundos puntos de vista, manejados al merced de unas familias completamente distintas donde se aborda si verdaderamente el dinero es la clave de la felicidad.
Llevando a la pantalla la crítica constructiva hacía una sociedad cotilla y totalmente irritante, Kazan se sumerge en los parámetros sexuales y en los parámetros de la locura hacia alguien con una sutileza y un buen hacer digno de aplaudir, además estuvo muy acertado en contar con un desconocido Warren Beatty, que le había conquistado con "La primavera romana de la Sra. Stone" (1961) dirigida por José Quintero y también se encargó de llevar a Natalie Wood de nuevo a las alzas del cine, ya que Michael Anderson no lo había conseguido con "Los jóvenes cánibales" (1960), un pésimo film en el que compartía papel con Robert Wagner y Susan Kohner entre otros.
Precisamente es Natalie Wood quien toma las riendas del film y quien empuja a Warren Beatty a hacer un papel tan excelente. La solicitud de querer algo con el protagonista de Beatty, hace que Wood asuma un papel que varía por momentos entre la locura, la obsesión y sobre todo el ansioso poder de querer ser alguien con un lugar en el mundo.
Mientras que Deanie es así, Bud es un hombre tranquilo, que apenas comete locuras y que tiene los pies en el suelo en casi todos los momentos que el film abarca, donde la pasividad en cierta parte es su forma de vida a lo largo de las dos horas de película.
A todo esto se añade la opinión de los padres, con la madre de Deanie obsesionada porque su hija llegue virgen al matrimonio y con un padre pasivo y tranquilo que busca lo mejor para su hija.
Por parte de Bud, su padre es un gran magnate del petróleo que intenta labrar el futuro de Bud a sus expensas, fijándole la principal salida a unos estudios en la Universidad de Yale. Luego está su hermana, problemática y que vive la vida sin temor a tener peligros, cosa que le desquicia tanto a él como a su padre.


El principal fallo que le encuentro a la película es que en algunas ocasiones se me antoja un poco pesada y con un pensamiento en la cabeza constante de decir "pero si ya sé lo que va a pasar, que pase ya", claro, que cuando renace, lo hace con elegancia y con el esplendor único del film.
La música de David Amram es un aliño a la elegancia y la solvencia que mantiene el film, perfectamente sincronizada con las imágenes fotográficas que nos ofrece Boris Kaufman.
Como ya he dicho, quitando eso, el film genera una sensación única al espectador y hace recordar a más de uno el triste fallecimiento de Natalie Wood en 1981, ya que por papeles como estos, no se merecía ese "misterioso" accidente que tuvo en su yate.
Fuera de todos esos temas, es una película imprescindible.

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