En las dos
versiones de Funny Games, el director Michael Hanneke propone la misma
historia: dos jóvenes hijos de puta destrozan la vida de tres miembros de la
misma familia, una pareja y su hijo, colándose en su hogar y divirtiéndose de
manera macabra.
Cuando nos enfrentamos a esa
película, es casi imposible no situarse en el lado de la víctima. Y es obvio que el propio director se lo pasa
en grande situándonos ahí, y jugando con nosotros mismos. Pensamos cómo reaccionaríamos ante las
distintas situaciones que se desarrollan, y si seríamos capaces de hacer frente
a esos villanos. Y yo no pude dejar de
imaginarme esa misma situación en mi casa, siendo yo ese niño pequeño, y siendo
mis padres los dos adultos jóvenes. Y
aquí empieza mi valoración, y mi relato: