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Cuentos de Tokio (1953)


En 1953 y tras haber hecho una de sus peores obras (y eso que me encanta, pero a ver quién elige en toda la filmografía algo malo de Ozu...) como es "El sabor del té verde con arroz", Yasujiro Ozu se lanzó a hacer una de sus obras cumbres en los 50 y posiblemente uno de sus mejores films.
La sinopsis nos cuenta el viaje que realiza una pareja de ancianos a Tokio para visitar a sus hijos. Al llegar a la ciudad, los ancianos se ven sorprendidos de que ninguno de sus hijos tiene tiempo para estar atentos de sus padres, es entonces cuando los mandan a un balneario. A la vuelta del balneario, la madre decide que pasen una noche con su nuera, viuda de uno de sus hijos y que al revés que los hijos de los ancianos padres de su esposo, si que les atiende con total normalidad, simpatía y carácter solidario.




Una sencillez y un propósito de hacer buen cine es lo que nos encontramos en este film del cineasta japonés.
La historia desarrollada en un Japón de la posguerra nos introduce en un país donde muchas cosas han cambiado; los recortes en los trabajos, la educación y sobre todo la que predomina a lo largo del film, la relación de los hijos con los padres y el dominar tanto el aspecto laboral como el familiar.
Palidezco ante la maestría tan perfecta que tiene Ozu para recalcar los sentimientos, reniega completamente de diálogos absurdos y filosóficos que no valen absolutamente de nada y toma como principal filosofía la acción de sus personajes y de lo que pasa alrededor de la vida de tales personajes. En este caso unos ancianos que ven como sus hijos ya situados con una vida marcada constituyen el prototipo de olvidar qué unos padres que te han criado y sin los que posiblemente no serías nada, y eso causa una tristeza más que notable en los padres de los hijos "ocupados" con sus labores.
Leí una vez en algún sitio que la vida es decepcionante a lo largo de nuestra vida, pero que sobre todo cuando somos ya ancianos, esa decepción toma una forma más grande que ninguna pena que circule por el mundo. Y eso es a veces lo que mata, la pena.
Lo que hace pensar Ozu en esta película es precisamente eso, como la felicidad a medida que avanza la vida disminuye, llegando a un momento en que te sientes un estorbo y que ves que la vida te ha traicionado, pero a la vez también lanza un positivismo. No podemos olvidar que esto es una película, y que aunque el cine calque muchas veces la realidad, el cine es simplemente eso, cine, y la vida es la vida, se tiene que luchar por no acabar tan solitario como pasa en muchos films, y aunque en esta película haya gente a quien esos
"viejos pesados" les importa, hay en otras tantas que no, y por desgracia, eso no sólo se da en el cine.
He de admitir, que pocas películas me han calado tanto que este film, tan desgarrador, doloroso, infectado de hipocresía, esperanzador y a la vez hermoso, y por si caben dudas, no es la primera vez que me pasa con este director, ya que con "El comienzo del verano" (1951) también me pasó.
Es de esas películas que te cogen y te hacen pensar en lo mal repartido que está el mundo, en lo cruel que puede llegar a ser el ser humano y te cala de una manera pensativa, te hace reflejar un poco la realidad que viven muchas personas mayores en el mundo, no es la típica película con la que llores a lágrima viva, ni mucho menos eso, simplemente es poesía plasmada en la pantalla de una realidad nada utópica.


En definitiva y resumiendo la película en unas pocas palabras (que bien difícil es) diré que posee la magia perfecta del cine de Ozu, que contagia al espectador el hilo de amistad con la pareja de ancianos y que sobre todo afirma que el director japonés fue y es uno de los grandes maestros en hacer CINE, cine en mayúsculas.
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